lunes, 26 de enero de 2015

¡El afilador!

Salgo a tender la ropa y suena una melodía antigua que me transporta a la infancia: ¡el afilador!
Mágicamente reaparecen en mi memoria las vecinas, uniformadas con sus batas de tergal, oliendo a lejía, pidiendo la tanda.
La lima circular corre rápida, el afilador pedalea y sostiene el cuchillo a la vez, las chispas van de un lado a otro, y yo estoy como hipnotizada, preguntándome si al hombre no le da miedo quemarse.
De regreso al presente me sacudo la imagen, sigo con la colada y pienso que nunca debió entrar en crisis lo de arreglar las cosas cuando tienen remedio.