Salgo a tender la ropa y suena una melodía antigua que me transporta a la infancia: ¡el afilador!
Mágicamente reaparecen en mi memoria las vecinas, uniformadas con sus batas de tergal, oliendo a lejía, pidiendo la tanda.
La lima circular corre rápida, el afilador pedalea y sostiene el cuchillo a la vez, las chispas van de un lado a otro, y yo estoy como hipnotizada, preguntándome si al hombre no le da miedo quemarse.
De regreso al presente me sacudo la imagen, sigo con la colada y pienso que nunca debió entrar en crisis lo de arreglar las cosas cuando tienen remedio.
lunes, 26 de enero de 2015
lunes, 19 de enero de 2015
LO QUE LAS MUJERES QUIEREN HACER
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