Éstos son los sospechosos de Ágatha. Primero tenemos a la dulce e inocente Eva, la secretaria. Parece sincera cuando habla de su buena relación con el Señor Tomeu, llena de compresión hacia su actitud amargada de la vida. Sin embargo, su sonrisa final abre dudas a cerca de su sinceridad. Aunque no habrá flash-back que la delate ante el espectador.
Montse, la mejor mecánico del taller, mujer en un trabajo habitualmente masculino; Ana, la señora de la limpieza, de ésas que parece que no se enteran de nada pero saben muy bien lo que se dicen; Cisco, mecánico de profesión, con pluma gay; David, mecánico y tipo duro; y Javi, aprendiz de mecánico y enamorado inconsciente de su compañera Neus, cuya singular belleza apenas se aprecia tan lejitos como está en la foto... todos ellos son puestos en evidencia por los flash-backs que los espectadores verán, y que no serán un dato que pueda manejar el Inspector Parra en su investigación. Todos dicen tener una buena relación con el muerto, nadie a visto nada, todo estaba oscuro... y todos mienten. Huir, esconderse o enfrentarse son las tres reacciones básicas ante el peligro. La mentira es una forma de esconderse, haya o no algo que ocultar, es un "por si acaso". Enfrentarse da pereza, si valoras que corres el riesgo de perder una situación cómoda, la opción de mentir es la que más ventajas ofrece, todos lo sabemos muy bien, aprendemos éste mecanismo de defensa desde nuestra más tierna infancia. Pero la policía no es tonta, al final te pilla en un "renuncio" después de haberlos mareado toda la noche. Quizá haber dicho la verdad les habría hecho libres antes, no os lo voy a contar. No todo el mundo sabe apreciar el valor y la verdad. Una vida mediocre, entre mentiras, es una vida, hay quien prefiere éso, y quien ni siquiera se para a pensar en otras posibilidades, porque funcionamos por puro instinto, convencidos de que el cementerio está lleno de valientes. A mí me gusta pensar que la eternidad también es para ellos. Ante la poli, sin duda, y por si acaso, ¡miento!.
