Os sitúo: ésta es la puerta del Cementerio de Montánchez (Cáceres), el Templo de la Verdad, allí donde los cuerpos "aterran" (¿será porque toman tierra, o porque dan miedo?), y las almas despiertan a nueva vida.
Al verlo sobre ésa pared blanca encalada, pensé en la mano que había escrito el mensaje, y en el alma propietaria de ésa mano. Seguramente ése alma no era el artífice intelectual de tal solemnidad; puede que conociera al que se la inventó, y que en su mente resonara la pregunta que yo me hice al verlo: "Y tú, ¿qué sabes?".
Que yo sepa, no hay pruebas científicas e irrefutables a cerca de qué ocurre más allá de la vida. Creo que la historia de la humanidad, y la del ser humano individual, contiene éste drama de no poder definir qué es la muerte, más allá de conjeturas filosóficas o de creencias dogmáticas. En éste mundo dual en el que vivimos, en el que la experiencia de lo blanco nos dice qués es lo negro, y nos permite razonar a cerca de la extensa gama de grises, resulta que no podemos experimentar qué es la muerte para luego volver a la vida y razonar a cerca de la extensa gama de formas de vida. De modo que, si tienes ganas de razonar, sólo te queda buscarte entre las diversas conjeturas filosóficas, y crear la tuya propia.
Éste debate es demasiado para mi humilde blog, al que ya sabéis que vengo para hablar de mi corto. Y ésta entrada es la antesala del próximo corto que voy a publicar, "Deixa-ho ja", un corto que hicimos los amigos del Taller de Cinema en un fin de semana y que va de lo que ocurre con los que mueren con el vicio de fumar. Está basado en lo que cree al respecto una maestra zen. Podréis preguntaros : y ésta, ¿qué sabe?. Ahora que una cosa os voy a decir: el punto de vista es inquietante, seguir fumando después de ésto no volverá a ser lo mismo. Yo lo he dejado.
