Éstos son los sospechosos de Ágatha. Primero tenemos a la dulce e inocente Eva, la secretaria. Parece sincera cuando habla de su buena relación con el Señor Tomeu, llena de compresión hacia su actitud amargada de la vida. Sin embargo, su sonrisa final abre dudas a cerca de su sinceridad. Aunque no habrá flash-back que la delate ante el espectador.
Montse, la mejor mecánico del taller, mujer en un trabajo habitualmente masculino; Ana, la señora de la limpieza, de ésas que parece que no se enteran de nada pero saben muy bien lo que se dicen; Cisco, mecánico de profesión, con pluma gay; David, mecánico y tipo duro; y Javi, aprendiz de mecánico y enamorado inconsciente de su compañera Neus, cuya singular belleza apenas se aprecia tan lejitos como está en la foto... todos ellos son puestos en evidencia por los flash-backs que los espectadores verán, y que no serán un dato que pueda manejar el Inspector Parra en su investigación. Todos dicen tener una buena relación con el muerto, nadie a visto nada, todo estaba oscuro... y todos mienten. Huir, esconderse o enfrentarse son las tres reacciones básicas ante el peligro. La mentira es una forma de esconderse, haya o no algo que ocultar, es un "por si acaso". Enfrentarse da pereza, si valoras que corres el riesgo de perder una situación cómoda, la opción de mentir es la que más ventajas ofrece, todos lo sabemos muy bien, aprendemos éste mecanismo de defensa desde nuestra más tierna infancia. Pero la policía no es tonta, al final te pilla en un "renuncio" después de haberlos mareado toda la noche. Quizá haber dicho la verdad les habría hecho libres antes, no os lo voy a contar. No todo el mundo sabe apreciar el valor y la verdad. Una vida mediocre, entre mentiras, es una vida, hay quien prefiere éso, y quien ni siquiera se para a pensar en otras posibilidades, porque funcionamos por puro instinto, convencidos de que el cementerio está lleno de valientes. A mí me gusta pensar que la eternidad también es para ellos. Ante la poli, sin duda, y por si acaso, ¡miento!.
miércoles, 21 de marzo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
PERSONAJES DE ÁGATHA:Con todos ustedes, ratataplán, EL SR. TOMEU!!!
Es un personaje de ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Nuestro Roger nada tiene que ver con el papel que interpreta: él es guapo, bueno y listo.
EL Sr. Tomeu se sentía culpable. No sólo un poquito, sino totalmente culpable. Llegar a padecer éste sentimiento es complicado, la tienes que haber liado mucho. Lo normal es que, cuando aparece la culpa, encontremos la forma de quitarnos ésa pesada carga. Nos quitamos la mochila de la espalda, abrimos el bolsillo de las excusas y, tachán, ahí está!. Siempre hay alguien o algo que podemos sacar de dentro para descargarnos. Así continuamos nuestro viaje a La Isla de la Inocencia, más ligeritos, creyéndonos más dignos.
El Sr. Tomeu la había liado mucho. Apenas podía cargar con su mochila, no había forma de avanzar hacia la isla. Necesitaba hacerlo como fuese. Su bolsillo de las excusas estaba vacío.
Como no tenía a nadie que le ayudase a pensar, sólo encontró una solución para devolverse su dignidad. Pensó mal, creo que ni siquiera llegó a La Isla de la Inocencia. Su historia me recuerda la importancia de contar con buenos amigos, no para que te llenen el bolsillo de las excusas, sino para que te ayuden a quitarte las piedras del odio, el temor, la tristeza... y que la oscuridad se vuelva luz con su consuelo. ¡Gracias por estar ahí!
viernes, 2 de marzo de 2012
UNA DE GLOBOS
Tocaba fiesta: la empresa cumplía 25 años, y el jefe estaba muy contento. Traía un pastel (gentileza de nuestro gran chef Vega), con sus velitas y todo. ¡ La de veces que encendió las velas, la de veces que entonamos el "aniversari feliç", para rodar desde varios planos!. Yo llevaba un gran globo rojo que había inflado con helio. Entre toma y toma, el cava rosado iba sucumbiendo, y la copa se volvía a llenar. Quizá por éso el globo se me escapó de entre los dedos, y voló. Fue mi primera vez. Nunca había perdido un globo tan grande que volara tan alto, buscando su libertad. He tenido globos que me explotaron en la cara, por exceso de aire, o a mi alrededor, sin causa conocida. Otros los he conservado mucho tiempo, observando con tristeza cómo se marchitaban, cómo el paso del tiempo les iba dejando sin aire. Aunque ya soy mayorcita, llevo una niña dentro, que se emocionó al verle marchar, sin remedio. Recordé la ilusión que a todos los niños nos hacen los globos, y cómo ellos nos enseñan a no aferrarnos a ésas ilusiones, porque es seguro que en algún momento explotarán, encogiéndonos el corazón del susto. O, peor: veremos como se arrugan y se desinflan tristemente, día a día, hasta quedarse sin vida. El final más bonito para un globo es que vuele, que no sepas a dónde va y que, después del disgusto inicial, te consueles pensando que un trocito de tu corazón está en el cielo, observándolo todo desde otra perspectiva, saboreando la libertad, aunque no sepa muy bien hacia dónde va. Me estoy poniendo ñoña, y ya no le puedo echar la culpa al cava rosado.
Ya veréis mi globo rojo. Es la primera imagen de Ágatha; allí vivirá para siempre, es una ilusión con aire de eternidad. Aunque se me haya escapado entre los dedos, sin saber bien cómo.
PD: Tengo un cargamento de globos, y ¡aún me queda mucho helio para inflarlos!
Otra PD: Ayer pasé una tarde ME MO RA BLE !! Gracias, compañeros del Taller de Cinema!!!
Ya veréis mi globo rojo. Es la primera imagen de Ágatha; allí vivirá para siempre, es una ilusión con aire de eternidad. Aunque se me haya escapado entre los dedos, sin saber bien cómo.
PD: Tengo un cargamento de globos, y ¡aún me queda mucho helio para inflarlos!
Otra PD: Ayer pasé una tarde ME MO RA BLE !! Gracias, compañeros del Taller de Cinema!!!
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